Salah, de fenómeno a espectador

Todos los Mundiales se cobran víctimas y con frecuencia algunas promesas se van agridulces, todo pena y nada de gloria. Y aunque pocos feligreses imaginaban a Egipto en una final, muchos nos imaginamos a un Mohamed Salah con más despliegue, picante y sacrificio. El Faraón está al borde de volver a las pirámides.

¿Qué pasó con el Messi musulmán?

El fenómeno Salah es reciente pero explotó aún más en las últimas semanas previas a la final de la Champions League. Allí Sergio Ramos se encargó de ponerle limón a los sueños de tantos egipcios y aficionados del Liverpool y su “You’ll Never Walk Alone”. Lesionado Salah (de gravedad como para considerarlo casi afuera del Mundial), la final fue un trámite para el Madrid. Las discusiones sobre el ayuno, el sacrificio de terneros y sus 44 goles quedaron truncas.

Pero la temporada de Salah había sido de mucho impacto y con unas cuantas plegarias volvió al ruedo para la Copa del Mundo (por suerte sin tener que disputar partidos con España de entrada).

Sin embargo, en el primer partido que Egipto jugó con Uruguay ni siquiera entró a la cancha (aunque no impidió que Cavani le pidiera la camiseta para sus hijos) y en el segundo y determinante quedó abatido con los 3 goles rusos (sorpresa mundialista).

De la promesa faraónica no hubo noticias. Eso sí: con el gol que convirtió de penal fue el primer tanto que convierte Egipto en un Mundial en 28 años. Y de paso quedó segundo en récord histórico de goles para el Liverpool en una temporada.

¿Reinará por años el Faraón o será apenas un jeroglífico?

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