¿Orden y progreso? Desorden y retroceso

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No filmó el exoesqueleto. Abrió el marcador con un gol en contra. Compró árbitros. Sufrió en octavos contra Chile. Presenció la fractura de su jugador estrella. Le hicieron 7 goles en semifinales. Perdió su último partido por goleada. Fue silbado, humillado y oleleado. El Mundial que prometía la revancha y la gloria terminó siendo la peor pesadilla para Brasil.

¿Se acuerdan cuando oíamos a los brasileros pronosticar el evento de sus vidas, ese que iba por fin a sacar esa mancha espantosa llamada Maracanazo? ¿Cuando no terminaban de explotar las protestas sociales porque algo en el corazón les hacía desear que empiece el Mundial? ¿Cuando a nosotros nos daba bronca, porque es obvio que van a salir campeones, si están en su casa…?

Hasta lástima dio. De verdad, escuché a mucha gente decir que le daba pena. Le generaba angustia. Le rogaba a los alemanes que lo dejen de hacer. Le pedía a los holandeses que tengan piedad. Conozco gente, argentina, que lloró con la imagen de David Luiz el martes pasado. Que tuvo picos de vergüenza ajena. Imaginate lo que sintieron esos para los que no fue ajena.

Excusas hay miles, pero ninguna parece valer nada. ¿Qué tienen que ver las políticas de Dilma Rousseff con el hecho de que Felipao no sepa armar una defensa? ¿Cómo influye la precariedad de las favelas en la falta de precisión goleadora de Fred? ¿Se sentían presionados, a pesar de inclinar todos los estadios con su torcida? ¿El cambio generacional impide que se juegue bien al fútbol?

No, no hay explicaciones, no hay argumentos, no hay nada que haya podido previsionar un desastre de esta intensidad. Y la fractura de Neymar, ¡ay!, nos dolió a todos pero no fue adrede, no se la buscó, fue 100% fortuna. Y eso es lo peor de todo. Fíjense que ni siquiera se enojaron después del partido con Alemania, simplemente se rindieron, decidieron que ya está, el fútbol ya no importa.

A nosotros nos quedan las cargadas. Vamos a disfrutar de esto por mucho tiempo, hasta que Brasil invente una canción inspiradora y venga a cantarla a Buenos Aires. Puede pasar que en cuatro años consigan el hexa, el hepta, el octa y lo que sea. Pero de esto no se olvidan más. Van a pasar cien años hasta que a un brazuca robotizado se le ocurra volver a anfitrionar un Mundial. Si es que el fúbtol sigue existiendo. Si es que no leyó en la escuela la leyenda de los siete goles a modo de religión repentista.

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