Ni en las peores pesadillas (bueno, sí)

La explicación más sencilla suele ser la correcta. Si habíamos clasificado en una noche de talento RANDOM, si veníamos de perder 3 finales (tres), si Messi nunca encuentra ni el juego ni el equipo ni el técnico (pero sí encuentra sus memes), si los técnicos no se encuentran con el plantel (salvo por las 284 citas previas que tuvo Sampaoli con cada jugador), si la AFA está rota (¿a quién llamamos?), si los periodistas son bipolares (pero nadie se los ha diagnosticado), si el fútbol representa síntomas de una peste más grande (mejor ni entrar en eso)… entonces, ¿por qué creímos que iba a ser distinto? ¿Qué había cambiado?

Pensemos. O mejor: puteemos.

En realidad, este artículo es breve y catártico. En esta década no encontraremos las respuestas.
Voy a revisar unos cuantos libros, escuchar a unos miles de periodistas más (creo que mejor no lo voy a hacer), leer y mirar a los especialistas, pero estimo que la explicación de por qué un 21 de junio de 2018 en Rusia perdimos 3 a 0 con Croacia y quedamos al filo del abismo (una Selección que juega su quinto mundial y que como tal existe apenas desde el nuevo milenio) no la encontraré en la era moderna. (Bueno, humildemente acá habíamos ensayado una).

¿Y ahora qué hacemos? Mientras nos relajamos del ulcerante estrés que supone alentar a una Selección agrietada y en llamas en un Mundial y nos entregamos al caos de clasificar/no clasificar (rezarle a un dios africano o islandés) propongo dos claves de ilusión.

1) Que lo único constante es el cambio. Es una fija desde que se le ocurrió a Heráclito y ahora sólo nos queda esperar que los repositores de la buena fortuna pasen temprano por nuestra góndola.
2) Que algo tenemos los argentinos que nos mueve, nos enardece, nos hace distintos (en general peores), nos subleva, nos pone de rodillas, nos pone por delante, nos ilusiona, nos atraviesa. Cuando descubramos cómo usar a favor esa mística telúrica vamos a ser resultado de todo lo que hemos pensado.

Y para cerrar una foto de Messi enojado, que me cae mucho más simpático que el Messi que vomita, que el Messi que mira al piso y se sube las medias y que el Messi que sube fotos familiares a Instagram para responderle a Flavio Azzaro.

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