Me quiere, no me quiere, me odia

Los argentinos, ¿somos bipolares no diagnosticados? ¿Qué extraño padecimiento acosa y contagia al periodismo deportivo que lo vuelve explosivo, irascible, exitista y en general [MUY] insoportable?

El trastorno bipolar, también conocido como trastorno afectivo bipolar (TAB) y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva (PMD), es un conjunto de trastornos del ánimo que se caracteriza por fluctuaciones notorias en el humor, el pensamiento, el comportamiento, la energía y la capacidad de realizar actividades de la vida diaria.

La persona afectada por este trastorno alterna su estado de ánimo entre la manía o hipomanía —fase de alegría, exaltación, euforia y grandiosidad— y la depresión, con tristeza, inhibición e ideas de muerte.

En nuestra idiosincrasia como argentinos está la dualidad, la doble verdad, las dos o más caras de una moneda, la rebeldía sin causa y el infeliz conformismo.

¿Por qué lo único que permanece coherente en nuestro espíritu es el constante cambio de la euforia a la melancolía?

(Como este Messi que sabe y goza ganando en el Barcelona, pero sufre, reza y llora en la Selección Mayor).

¿Se acuerdan de esta publicidad?

Además de ingeniosa, en ese momento (la Copa América de 2007) nos pareció real y categórica. Quilmes había captado el ser argentino de una forma ocurrente y nos encantó ser retratados así.

Once años después y sin haber cosechado ningún título trascendente desde entonces (solo los Juegos Olímpicos 2008) ser argentinos nos parece una condena cada vez más espesa. Las 3 finales jugadas, muy muy lejos de enorgullecernos, nos pesan como un container de sandías.

Y todavía peor: el ámbito que más ha sabido acumular ingredientes para empeorar esta sensación de ardor estomacal sempiterna es del que más necesitábamos visión de conjunto, ideas y construcción. Sí, sí, señores, el periodismo deportivo hoy califica como enfermedad crónica.

Después de la derrota con Croacia, uno de los abundantes programas de TyC Sports abrió con un minuto de silencio para la Selección Argentina. En el mismo canal Rodolfo de Paoli adornó los últimos minutos del 3 a 0 con un “déjame de joder” a quienes ponían paños fríos al complicado escenario de clasificación. Semanas antes su locución le daba vida a una de las muchas publicidades de aliento argentino con su “basta de mufas y de críticas”.

En la TV Pública el “Cabezón” Ruggeri y Marcelo Benedetto discutieron agriamente y luego trascendió que el primero estaría intentando desbancar al DT Sampaoli. También circularon (siguen circulando) versiones de peleas en vestuarios, tuits, memes, audios, videos de incógnito y miles y miles de versiones de lo que sucede, cómo, cuándo, por qué. Los periodistas conocen las formaciones antes que los jugadores, crean ídolos, destruyen dioses, se aburren, se pelean, ponderan la mecánica y la práctica y luego aplauden los “arrestos individuales” que lo cambian todo.

No nos bancamos a nosotros mismos [bancarnos como sinónimo de apoyarnos y de soportarnos]. Pero más que nada: no sabemos qué pensamos (sobre Messi, sobre la Selección, sobre la economía). Y lo que es peor: no queremos admitir que no sabemos qué decir. ¿Lo más tremendo de todo? Eso nunca antes nos calló.

Si hasta D10S se abrió una cuenta en Instagram para evangelizar sobre todos los órdenes de la vida.

Así somos. Alguna vez ser argentino, ¿significará una sola cosa?

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One thought on “Me quiere, no me quiere, me odia

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