Las mujeres tenemos corazón

Escuchaba hace un rato Perros de la Calle, el programa de Radio Metro, y los conductores decidieron abrir la línea telefónica para que los oyentes llamen y den su opinión respecto al partido de ayer (nefasto 6-1 contra España) y sugieran qué se debe hacer en estos meses previos al Mundial para llegar a Rusia en forma.

Los primeros 3-4 llamados fueron hombres que no se ahorraron críticas al técnico, a los jugadores, a la formación, hasta a los hinchas. Y luego llamaron dos mujeres. Si bien cada una habló desde su lugar, con su estilo y forma, ambas coincidieron (lo dijo hasta el propio Cayetano, el conductor más futbolero del programa) en algo muy puntual: hay que dejar tranquilos a los jugadores. Hay que callarse un poco la boca, dejar de presionarlos tanto, dejar de poner en sus hombros las penas de todos, entender por qué es que lo “psicológico” les pesa tanto. Qué casualidad que este enfoque justo haya venido de dos minas.

Lo que quiero no es coincidir con la crítica en sí (es más, yo creo que si sos jugador profesional de fútbol deberías poder funcionar a pesar de las críticas y presiones), pero me gustó que se haya evidenciado eso que tenemos las mujeres y se llama empatía. Ponerse en el lugar del otro. Nosotras le damos espacio a las emociones, algo que en el mundo futbolero machista no existe. Ellos están bien con su lectura superficial, con su análisis básico de las posiciones y la elección del equipo y los cambios, con su obligación de comparar un partido real con uno de metegol, considerando a los jugadores muñequitos de madera. Las mujeres no. Las mujeres tenemos la libertad y la fortuna de poder mostrar el lado sensible de las cosas, nos dejamos llevar por lo que sentimos y no nos da vergüenza admitir que a veces nos da lástima el rival que se está comiendo una paliza (aunque sea nuestro archienemigo histórico; por favor la carita de Marcelo en el 7-1 de Brasil Alemania), que las cuestiones personales pueden afectarte dentro de la cancha, que atrás del jugador hay una persona como cualquier otra.

Es que las mujeres en el fútbol, como en la vida, tenemos corazón.

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