Ídolos de nombre corto


El Mundial terminó y nos dejó una maravillosa batería de anécdotas, protagonistas, decepciones y emociones. Nadie podrá decir que Rusia 2018 fue olvidable. Estrenamos VAR, los grandes ídolos y Selecciones se fueron más rápido que nunca, los 4 mejores equipos fueron 100% europeos… y las Pussy Riot adornaron el último partido con una protesta breve pero legendaria.

Pero, ¿por qué recordaremos a algunos ídolos de la Copa del Mundo más que a otros? Aquí una hipótesis.

Ilustramos la portada de esta nota con una foto de Messi aunque nos parece uno de esos ídolos que tienen que esforzarse por ser recordados. Sí, así como lo decimos. Messi nació y llegó a la gloria en la época dorada del fútbol más técnico y de la omnipresencia de medios y redes que lo captan todo. Pero, ¿realmente tiene las condiciones de un héroe?

Para convertirse en héroe comúnmente hacen falta estos ingredientes:
1 – un nombre corto y memorable, mejor si en todos los idiomas suena igual (mucha suerte, Schweinsteiger)
2 – una inteligencia o un talento superior
3 – un sentido claro de la ética (o más o menos)
4 – naturaleza mixta: son extraordinarios pero no dejan de ser muy humanos (cometen errores)
5 – un conflicto, una misión, una búsqueda

Si bien unas cuantas de estas variables se ajustan a Messi, nos falta ese condimento que lo vuelve humano, un personaje entrañable, equívoco, emotivo. Sus batallas por ganar un Mundial infructuosamente lo han acercado al común de los mortales, pero todavía buscamos ese factor X que lo volvería mítico: ¿Ama? ¿Sueña? ¿Miente? ¿Fantasea? ¿Falla? ¿Ríe? ¿Hace trampa?
Aún no lo sabemos.

A su favor juega que ya tiene un archienemigo definido, recordable, soberbio y fácil de odiar (CR7).

En cambio, este mundial nos entregó a un Mbappé (nos cuesta pronunciar su nombre pero casi que ya llegamos a volverlo familiar) con todo para ser héroe: joven, triunfador, un poco engañoso en la cancha, solidario fuera de ella, con una historia de lucha. Los argentinos pasamos rápidamente de odiarlo, a admirarlo, a tomarle algo de cariño. En comparación, Griezmann (también francés) es bastante menos héroe por ser rubio, algo más gélido, con un nombre intrincado y una sonrisa que hace pensar que nada le da trabajo.

Algo raro ocurre con Neymar. Su nombre (¿o apellido?) es simple e icónico (sucede a menudo con los brasileños). Llegó a la gloria joven y con la típica historia de héroe que surge de condiciones difíciles. Resurgió de derrotas y lesiones, pero su tendencia repetida a la puesta en escena y el hecho de que ya es tarde para hacerle sombra a Pelé le dificultan el camino. Este último, en cambio, con su nombre de 4 letras es historia viviente, perdurable.

¿Y Maradona? El héroe por antonomasia. Un nombre contundente y globalizado. Una historia de batalla, una épica que parece de mito griego, mil vidas (mil fallas) en una y hoy todavía sujeto de memes que – lejos de ridiculizarlo – le dan entidad de héroe extraordinario pero altamente humano. Por siempre, el ídolo.

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