Ese Viejo Mundo (que es cada vez más joven)


Todos europeos. Como Mbappé deslizándose hacia la celebración en el fatídico partido contra Argentina (fatídico para nosotros, claro), así llegó el poderío europeo a Rusia 2018.

¿Por qué hoy las 4 mejores del mundo son selecciones de Europa?

Dicen que el fútbol es ese deporte en el que siempre gana Alemania. Pero hasta esa norma se rompió en Rusia 2018, donde el único que acertó al prode es el que no sigue el fútbol de cerca, donde las potencias se fueron temprano, y las 3 máximas estrellas del fútbol mundial (Messi, Cristiano y Ney) volvieron a retirarse con manos vacías.

Otro evento infrecuente que sucedió en Rusia (y shockeante para todos nosotros) es que los semifinalistas son exclusivamente europeos. De 21 mundiales jugados, 11 sucedieron en Europa. De ese total, en 5 las cuatro mejores selecciones fueron del Viejo Mundial. Pero en los otros 6 siempre había habido un sudamericano (más comúnmente Argentina, Brasil o Uruguay).

En realidad, hay que mirar esa estadística más de cerca. Porque de los 44 semifinalistas en esos 11 mundiales europeos, 38 fueron europeos y sólo 6 sudamericanos. Y para esto hay que entender también que si bien Brasil y Argentina (casi) siempre llegan como candidatos, en realidad son los únicos países de este lado del océano que han dado pelea. Entonces, si Uruguay, Brasil y Argentina llegan al fin de un ciclo (por las razones que sean) no queda nadie más para ofrecer resistencia.

En cambio, Europa tiene recambio (valga la redundancia).


Afuera Alemania y España; Italia y Holanda ni siquiera llegaron.

Pero los que de veras saben no se sorprendieron al ver la escalada inglesa, francesa y belga que extendió su vida y fue de menor a mayor en esta contienda mundialista.

Algunos de los argumento que podríamos barajar para entender por qué llegaron los que llegaron:
– Tienen un promedio de edad bajo (esto podría ser así en el caso de Inglaterra y Francia, pero Bélgica tiene un promedio de 27 años y Alemania estaba entre los más jóvenes de todos)
– Se beneficiaron de nacionalizar jugadores (en realidad casi todas las Selecciones europeas hoy tienen un combinado de jugadores que nacieron en otros países, no son excepciones)
– No les importa tanto la posesión (España, Alemania y Argentina conformaron el podio de los que más tuvieron la pelota, pero mirando los partidos más de cerca quienes llegaron tampoco desmerecieron el juego de tenerla)
– Vienen construyendo sus Selecciones hace tiempo (es cierto, pero sus rendimientos en Mundiales desde el 2002 para aquí ha sido irregular, no siempre en ascenso)
– Son verticales (en realidad, son Selecciones que se adaptan al partido, ninguno la tuvo fácil en este Mundial ni vienen ganando abultadamente. Bélgica por ejemplo casi queda afuera con Japon).

Entonces, ¿qué hace la diferencia para las Selecciones que hoy están pavimentando el camino hacia la cima mundial?
Sería un pecado querer sacar conclusiones en menos de 500 palabras para después sufrir el escarnio de equivocarnos catastróficamente como viene sucediendo con prodes y periodistas por igual.

Pero aventuramos algo: los mejores de Rusia hasta ahora se han beneficiado del trabajo en las sombras, de atravesar su camino con bajo perfil, de hacerse cargo de su potencial sin decirlo abiertamente, de nutrir a sus planteles sin diferenciar estrellas máximas, de ganar partido a partido sin mirar muy lejos hacia adelante, de aprovechar más el silencio que las críticas destructivas.

Y algo más que siempre nos gana en nuestros análisis: lo única constante (en el fútbol) es el (re)cambio.

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