¿Qué le pasa al fútbol argentino?

Sí, es cierto que hace muuucho que no escribimos. ¿Problemas personales? Algunos. Pero se debe principalmente a que estamos experimentando una epidemia de la no-noticia: el fútbol local, últimamente, no nos deja nada. En Europa pasan cosas, se destacan cepas de nuestra tierra; pero acá no hacemos más que agua.

Del otro lado del océano, se están deleitando con récords, bebés recién nacidos, partidos de 9 goles, fútbol. Y todo gracias a un conjunto de hombrecillos made in Argentina, pero que acá no vuelven, o ni estuvieron. Con la TV cable y la banda ancha claro, podemos pispear, pero solo para entristecernos más de lo que le está pasando a nuestro deporte.

Boca, River, San Lorenzo, Racing, Independiente. Los equipos que se llaman a sí mismos “grandes”, están cada vez más chicos. Se llegó al punto de que es imposible pronosticar un resultado, cuando antes podías adivinar una goleada con tres fechas de anticipación. Es todo impredecible y en gran parte se debe a que el fútbol se niveló para abajo.

No hay ídolos. Se fueron todos. Hace un par de años quedaba un puñado: el polémico Riquelme, el eterno Verón, el cacique Almeyda, un tal Martín… Reaparecieron nombres como para elevar esperanzas que no hicieron más que pinchar más el globo. Hoy llamamos goleadores a gentes sin pena ni gloria, ponemos arriba a dos o tres paquetes que hacen lo que pueden. A veces pareciera una maldición, un gualicho.

Así es como todos nosotros, los fanáticos, buscamos de dónde agarrarnos para no admitir lo bajo que caímos. Y se inventan las polémicas. Y los jugadores lloran. Y las hinchadas silban. Y los niños ven tenis.

Y un tipo llamado Julio sigue cómodo en su sillón como si no pasara nada. Dicen que está gagá…

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